Mauricio Riveros inicia su camino solista en 2010, tras una década al frente de la banda de rock alternativo Truman. Desde entonces, su obra se ha desplegado como una búsqueda constante, donde la música, la pintura y la literatura no son disciplinas separadas, sino distintas formas de un mismo pulso creativo.

Su primer álbum, La verdad, confesiones en solitario en 10 actos, irrumpe al margen de la escena chilena de la época, desmarcándose de etiquetas y tendencias. Más que instalarse en un género, Riveros comienza a delinear un lenguaje propio: íntimo, reflexivo y profundamente atravesado por una sensibilidad poética.
Es en México donde esa voz encuentra eco. En un circuito que se expande de manera orgánica —entre discos que circulan de mano en mano y conciertos en espacios tan diversos como teatros o el Metro de Ciudad de México— su música comienza a construir una relación directa con el público. La prensa lo nombra como parte de un “rock poético”, pero su obra insiste en moverse en los bordes, evitando definiciones cerradas.

A lo largo de los años, sus discos han ido configurando un imaginario coherente, donde cada etapa no reemplaza a la anterior, sino que la profundiza. En ese recorrido, su alianza con el guitarrista Alan Boguslavsky (ex Héroes del Silencio) se vuelve un eje creativo persistente, presente en gran parte de su discografía, mientras que en el ámbito escénico ha desarrollado una conexión igualmente significativa con el guitarrista mexicano Edgar Torres, integrante de su banda en directo en México.
Fiel a la idea del álbum como una obra integral, Riveros ha desarrollado un lenguaje donde lo sonoro y lo visual dialogan de manera constante. No solo compone y produce su música, sino que también dirige sus propios videoclips y crea parte del universo visual que la acompaña.
Su trabajo más reciente, Pianissimo, publicado por el histórico sello Alerce, propone un gesto de síntesis: versiones de otros autores llevadas a un formato desnudo, donde la interpretación se sostiene únicamente en la voz y el piano.
Lejos de la inmediatez, su obra se construye desde la persistencia y la exploración de lo esencial: la emoción, la memoria y aquello que permanece oculto bajo la superficie. En ese territorio, Mauricio Riveros ha ido consolidando una voz propia, reconocible y en permanente transformación.

